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REVISTA EL_ESPEJO: Coherencia - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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REVISTA EL_ESPEJO: Coherencia

Miguel Ángel Martínez

Mi desempeño como delegado sindical me ha facilitado tratar con muchos compañeros/as del Banco, ya sea como receptor de quejas, dudas y consultas, o como divulgador de novedades laborales (convenio, beneficios sociales, etc.). Aunque también existe una tercera función, que se podría catalogar de "comercial". Y todos sabemos de las dificultades que entraña una tarea de esa índole, pues requiere de grandes dosis de constancia y persistencia, sin ninguna garantía de éxito final. Se puede imaginar querido lector, que me refiero a la afiliación.

Como no puede ser de otra manera, el abanico es muy variopinto. Me encuentro con personas receptivas, otras con muchas dudas cuando no miedos; y personas que lo perciben como algo prescindible o directamente que no va con ellos. Respetables todas las opciones, por supuesto. Sin embargo quería centrar mi atención en un segmento, no muy numeroso, pero sí muy determinado. En concreto, aquellos que muestran una extrema alergia, cuando no abierta hostilidad, por todo lo que tenga algún tufo o tinte sindical. Con personas que de una forma u otra señalan que no desean participar de nada que ataña al sindicato.

Para empezar, olvídate de que esa persona se afilie. Antes se arroja a las vías del tren. Tampoco desea recibir ningún tipo de divulgación que tenga el anagrama del sindicato en la cabecera del mismo, aunque en ella se comunique alguna mejora o algún acuerdo alcanzado con la Empresa, que incluso puede repercutirle positivamente. Nada, que corra el aire.

Mas, ¿hasta dónde abarca este nada que ataña al sindicato? ¿Hasta el infinito y más allá, que diría Buzz Lightyear? Pues va a ser que no... Paradójicamente encontramos unos límites, unas líneas rojas.

El Estatuto de los Trabajadores (E.T.) es la base normativa de la relaciones laborales, y en él se condensan los derechos básicos que amparan a los trabajadores en sus diferentes parámetros (jornada, salario, vacaciones, etc). A partir de ahí, surgen los convenios sectoriales. Estos son acuerdos generados por los representantes de dos partes: la clase directiva de la empresa y la clase trabajadora de la misma. O para decirlo en román paladino: patronal y sindicatos.

En los convenios se busca alcanzar una mejora de las condiciones reflejadas en el E.T., (jornada, salario, vacaciones), pero también plasmar de una forma más detallada algunos aspectos generalistas o difusos que aparecen en dicho E.T. o de los que directamente no se hace mención en el mismo (traslados, complementos salariales, desarrollo profesional, régimen disciplinario, etc.)

A mi modo de ver, si alguien no desea participar de nada que ataña al sindicato, debería ser coherente y abarcar también los logros y acuerdos alcanzados por este, renunciando a ellos. Ya sean de carácter sectorial (convenios), ya sea a nivel de empresa (Bankinter). Pero claro, a ver quién es el o la valiente que manda un escrito a Gestión de Personas solicitando se adecue su contrato de trabajo al Estatuto de los Trabajadores y no al Convenio de Banca. Firmando y afirmando que no quiere beneficiarse de nada que huela a sindicato, y por tanto que prefiere disfrutar de 30 días naturales de vacaciones a 24 laborables. Que desea percibir 12 pagas más 2 extraordinarias, en vez de las 17 pagas y media actuales. Que para él o ella no existen los 4 días de libre disposición, y que prefiere agachar las orejas e irse al otro extremo de la península a poder decir NO a un cambio geográfico superior a 25 km, etc., etc., etc. ¿Conoce usted a alguien así? Yo tampoco.

Lo más grotesco de todo es que a ojos de estas personas seguiremos siendo gentuza indeseable y un tóxico cáncer dentro del Banco. Eso sí, mientras mantienen el brazo extendido y con la mano firme en forma de cazo para que no se les escape nada.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Coherencia

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