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REVISTA EL_ESPEJO: TRES CASOS REALES - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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Hace días perdí,
todo complemento,
en ese treinta de subida...
...(leer más)
Hace días perdí,
todo complemento,
en ese treinta de subida...
Hoy te intento contar
Que todo va bien,
aunque no me lo creo...
Aunque a estas alturas
Un último esfuerzo,
es que yo no lo veo...
Y aun cumpliendo en seguros,
las nubes se van,
mas el complemento no regresa...

EL ESPEJO

ÍNDICE ARTÍCULOS

REVISTA EL_ESPEJO: TRES CASOS REALES

Eduardo Archilla

Hay un mesón en la calle Carlos Martín Álvarez, en el madrileño barrio de Vallekas, que está pasando por varias manos.

Hasta donde me alcanza la memoria perteneció a unos hermanos asturianos -que le dieron nombre- hasta que se jubilaron, y después pasó a manos de dos mujeres jóvenes quienes, por desavenencias, terminaron cediéndolo a un ciudadano chino.

La última visita que hice fue bajo la regencia de este último y me llamó la atención, además de la escasa afluencia de público, que el chino, que hablaba bastante bien español, me preguntara con especial interés qué tal todo. Me preguntó por la cantidad servida en las raciones, si me había gustado la elaboración, y por supuesto por el precio. Se veía claramente que el hombre se preocupaba por mejorar.

Otro caso. Es completamente distinto pero también real. Sé que sucedió en España pero no recuerdo dónde. Fue un incendio de los buenos. Se había roto una tubería de gas y se montó una buena porque, a pesar de que llegaban refuerzos, no había forma de hacer que aquello se apagase.

Uno de los bomberos se alejó del resto que estaban atacando el fuego mientras su jefe le miraba un tanto sorprendido. Caminó junto al tubería hasta que llegó a una llave de paso que cerró y fin del fuego. Ya está.

En Gneis/Bankinter también se lían buenos incendios. Pero la diferencia con aquél, es que aquí quien manda a los bomberos es alguien que parece que tuviese una lata de gasolina y un mechero a su espalda.

Nos preguntan a los empleados qué podemos hacer para mejorar la calidad, y a mí se me ocurren dos ideas:

La primera es DEJAR DE ESTROPEARLA; cerrar la espita que alimenta el fuego. De todos es sabido que cuando algo funciona bien lo mejor es no tocarlo, y que donde hay que trabajar es donde algo va mal, pero esto que parece tan sencillo debe de ser complicadísimo llevarlo a la práctica. No tengo que dar ejemplos porque todos conocéis cosas que funcionan mal y las habéis denunciado y no se arreglan. El bombero lo que pediría es simplemente que dejen de liarla.

La segunda que se me viene a la mente es ¿y por qué no le preguntan directamente al cliente, tal y como hizo el chino conmigo? Deberían darse cuenta de que desde el punto de vista del cliente, yo soy parte de la tubería incendiaria: soy quien le comunica que a partir de ahora ya no podrá..., o que a partir de ahora tendrá que...

Yo creo que al final de lo que se trata es de ser consecuente y de asumir los efectos y daños colaterales de las decisiones que se toman. Otra cosa es que no se prevean, pero esto ya sería otro caso.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: TRES CASOS REALES

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