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REVISTA EL_ESPEJO: Botiquín - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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REVISTA EL_ESPEJO: Botiquín

Miguel Ángel Martínez

Uno de esos elementos olvidados que hay en todas las oficinas y centros de trabajo es el botiquín. Sólo nos acordamos de este pequeño armario adosado a la pared cuando sufrimos algún quebranto o malestar físico. Acudimos a él con la esperanza de encontrar en su interior algo que lo mitigue y cumplido este objetivo, nuevamente vuelve a su ostracismo.

Hace unas semanas se comunicó la adecuación del material existente en los botiquines a lo señalado en el Real Decreto 1718/2010, En él, se establece la obligatoriedad de receta médica a la hora de dispensar una serie de medicamentos (ibuprofeno, paracetamol, etc.). Por ello se decidía su supresión, reduciendo el botiquín a un contenedor de gasas esterilizadas, desinfectante, algodón, tiritas, esparadrapo y algún elemento similar más.

Resulta peculiar que en un ámbito de trabajo como el nuestro, donde el mayor riesgo laboral que requiriese el uso de este material consistiría en graparse un dedo o segárselo con el filo de un folio; se omita todo tipo de medicamentos que puedan hacer frente a malestares físicos que, por el contrario sí resultan habituales y cotidianos en nuestro sector (cefaleas, molestias posturales, etc.). El motivo que se aduce para ello es el riesgo de una automedicación sin control.

Está bien que desde las altas esferas se preocupen en adoptar medidas tendentes a evitar que la plantilla se convierta en una suerte de pastilleros colgados; aunque en todos los años que llevo en esta Entidad (y son ya unos cuantos), no recuerdo a nadie que, cuando ha sufrido un dolor de cabeza, tomara de manera compulsiva y desmadrada ibuprofenos o paracetamoles, como si de caramelos sugus se tratase. Y menos aún, sin dolencia de por medio.

La medida adoptada en Bankinter resulta por ello radical, pues si bien se amolda a lo que señala el Real Decreto para ciertos medicamentos que requieren de prescripción médica (ibuprofeno de 600 mg / paracetamol 1 gramo); no sucede esto para dosis inferiores de estos mismos medicamentos (ibuprofeno de 400 mg o paracetamol de 600 mg), que están exentos de dicha medida, y por ello podrían formar parte perfectamente de las existencias de los botiquines.

Que se elimine una solución no evita que surja un problema. Por tanto ¿Qué hacer si en un momento dado sufrimos un dolor de cabeza en el trabajo? Sencillo: Acudir a nuestra mutua laboral. Es decir, salimos del trabajo, nos trasladarnos hasta la mutua, esperamos a ser atendidos por el médico. Este, tras escucharnos, decidirá el tratamiento a seguir, y posteriormente regresamos a nuestro puesto de trabajo, ya con la causa de origen de nuestro mal, en principio superada. Posiblemente todo esto nos llevará un tiempo, quizás hasta algunas horas; pero a quienes dirigen este cotarro no les importará, pues tendrán la satisfacción de tener una plantilla “cero drogas”.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Botiquín

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