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La satisfacción del empleado - El_espejo 75

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   nº 75: marzo 2007

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  17. Carreras profesionales
  18. La satisfacción del empleado
    La satisfacció de l'empleat
  19. La revolución de Bankinter
  20. Nuevos delegados
  21. 2 rue de San Pedro

                       

Texto en catalán

La satisfacción del empleado

En nuestro quehacer diario, estamos acostumbrados a que se utilicen grandes palabras y frases grandilocuentes para conseguir motivar en la consecución de unos resultados.

A menudo no entramos a valorar su contenido o no nos paramos a pensar en el fondo de las mismas. Como mucho nos encogemos de hombros, esbozamos una sonrisa y pasamos de largo.

Con toda la ligereza que permite el lenguaje se nos justifican muchas decisiones en la satisfacción del empleado ¿cuántas veces hemos oído que el mejor activo de nuestro banco es su plantilla? a lo mejor como fórmula para motivar o para pedir otro nuevo esfuerzo adicional.

Y, sin embargo, cuando toda esta elocuencia y palabrería queremos buscarla y aplicarla en lo que de verdad le satisface al empleado, nos damos cuenta entonces, de su contenido vacuo y alejado de toda realidad.

Al empleado no le satisfacen los grandes hechos o la publicidad a doble página, ser los mejores o los pioneros, al empleado, le da lo mismo el cambio de logo, los cristales tintados, o el proyecto Basilea. Evidentemente que todos estos factores contribuyen y ayudan, y por supuesto que hemos de cumplirlos de la mejor manera que sepamos, pero porque así lo requiere nuestra propia dignidad como trabajadores.

La satisfacción del empleado está en los hechos livianos, en los que ocurren todos los días, en los que no se ven, en los que son cinco minutos o en los que no son para tanto.

La satisfacción del empleado está en ver reflejado en la nómina aquello que prometieron, antes de tener que hacer la reclamación para que desde Gestión de Personas te contesten diciendo que no tienen constancia o que ha sido un error que quedará solventado en la siguiente nómina.

La satisfacción del empleado está en que cuando le toque rotar, haya alguien que centralice la diversidad de departamentos con los que se ha de poner en contacto para que ese cambio sea efectivo.

La satisfacción del empleado está en que pudiese haber el número de personas suficientes en todos los servicios centrales, para que ningún, absolutamente ningún e-mail, ni consulta, ni llamada, se quedará sin obtener respuesta.

La satisfacción del empleado está en que nadie se rompiera "la crisma", al salir de un recinto de caja cuya puerta se abre sobre unas escaleras o que nadie se cayera por unas escaleras que no tienen barandilla.

La satisfacción del empleado está en no pretender que el banco gane también dinero con nuestras deudas, hipotecas o diferenciales. En ser considerados verdaderamente como activos y no sólo como costes.

La satisfacción del empleado está en la comunicación entre todos los departamentos, sin que sea la oficina el punto de encuentro o desencuentro entre los mismos.

La satisfacción del empleado está en que se le reconozca la labor de formación con el becario, con los nuevos compañeros, en que no se dé por hecho que esta labor es obligatoria para él. Y si lo es, que se le reconozca y se le pague.

La satisfacción del empleado consiste en no tener que acudir a reuniones, cursos o encuentros, fuera de su jornada de trabajo, porque no haya medios humanos suficientes para suplirlo.

La satisfacción del empleado implica que se le reconozca su trabajo y no sólo sus resultados.

En definitiva, la satisfacción del empleado está en aquellos factores que le sirven para facilitar su actividad cotidiana, y que le tienen en cuenta como persona. Todo lo demás... ¡palabras!.

Elena Asensio