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El que paga, manda - El_espejo 75

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   nº 75: marzo 2007

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  18. La satisfacción del empleado
    La satisfacció de l'empleat
  19. La revolución de Bankinter
  20. Nuevos delegados
  21. 2 rue de San Pedro

                       

Siempre se ha dicho que el que paga manda, y en términos de representación yo creo que quien vota manda.

Cuando se elige democráticamente a unos representantes, ya sean políticos, sindicales, de un futbolista o de una asociación de vecinos, no hay que olvidar que aquéllos deben obedecer las instrucciones de sus representados, con la autonomía propia de cada caso, pero sin olvidar en todo momento quién es el que manda.

Esto lo suelen olvidar los políticos en el mismo instante en que salen elegidos, y yo creo que da igual que sean listas abiertas o cerradas; lo único que cambiaría con listas abiertas sería mi forma de proceder en el futuro, pero mi representante seguiría olvidándome, estoy seguro. Y en el ámbito de la representación sindical esto debe ser igualmente evitado. Debe evitarse que los delegados de personal o comités de empresa, olviden que actúan en representación de quienes les han votado.

Aunque yo creo que aquí sucede un poco lo contrario, que los representantes legales de los trabajadores defienden no solamente los intereses de quienes les han votado sino también los de todos los trabajadores que componen el centro de trabajo. Ésta es la grandeza y la miseria de la democracia; que da cobijo a todos; a quienes la defienden y a quienes quieren acabar con ella.

Lo que sucede es que a veces nos encontramos con situaciones un tanto curiosas, como por ejemplo, la de aquellos que sin votar -porque, por ejemplo, repudian los comités de empresa-, después se dedican a "dar órdenes" de cómo deberían actuar. O la de aquellos otros que manifiestan a los cuatro vientos que no quieren sentirse representados sindicalmente, pero después no intentan que no se les apliquen las mejoras conseguidas (esto sí que lo quieren). Es más, muchos de ellos todavía siguen protestando. Y algunos de éstos, cuando tienen problemas laborales acuden al comité (...).

A todos estos que ignoran todo lo que han avanzado gracias a la representación sindical, beneficiándose del trabajo de otros, les pediría que en vez de protestar tanto, participasen y nos ayudasen a mejorar, pero seguramente contestarían que no tienen porqué hacerlo. Y cuando les pidiese que por lo menos ejercieran su derecho al voto -para poder "mandar"-, probablemente contestarían que mandan -y protestan- lo que quieren pues para eso hay libertad de expresión.

Y yo en esto casi tengo que estar de acuerdo. Grandeza y miseria de la democracia.

Salud.

Eduardo Archilla