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Obras en la oficina - El_espejo 78

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   nº 78: diciembre 2007

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OBRAS EN LA OFICINA

Con este artículo no quiero ofender ni dañar a nadie, pero el respeto al trabajo y a la salud del empleado, exigen algo más que palabras y "palmaditas" en la espalda.

En ocasiones este respeto pasa por ponerse en su lugar, por adoptar decisiones que no necesariamente lleven implícito un ahorro de costes e incluso por adoptar aquellas que requieran un mayor gasto.

Porque nuestro silencio no puede interpretarse como "un todo está bien". Las denuncias han de servir para mejorar y para evitar que otros compañeros pasen por los mismo.

El reciente cambio de marca, nos está obligando a que las oficinas se adapten a este cambio. Cambios que implican obras, (de cristales, remodelación de fachadas...)

Y unas obras, que, tal y como las hemos sufrido, significan una falta de respeto hacia el empleado, (su salud) y un profundo desconocimiento de su trabajo.

¿Alguien de los que decide en esta materia sabe lo que es trabajar, compartiendo el espacio o el tiempo con unas obras de tal envergadura?

¿Cómo es posible que se den instrucciones como éstas desde el Dpto. de Inmuebles?

Adjunto el correo enviado a uno de los responsables de nuestro departamento de Inmuebles por un responsable de la empresa contratada por bk para la realización de las obras en una oficina.

“Estamos siguiendo las instrucciones que nos dictasteis: minimizar al máximo los gastos por vigilancia y trabajar, en la medida de lo posible, en horario de oficina.
Por favor, dinos si tenemos que aplicar algo distinto en este caso.
Saludos,
Julio”

Mantener la concentración durante algo más de dos segundos, era imposible.

Ruido permanente y ensordecedor que perfora las entrañas, (taladrar, golpear, estructuras de hierro que caen o sobre las que hay que dar martillazos, motores de los coches, del autobús o de la ambulancia). Una cuadrilla de diez o doce personas a tu alrededor, voceando, preguntando o chillando. (Pero no nos confundamos, ¿eh? que ellos están trabajando).

Polvo, trocitos de piedra incrustados en el teclado o en el scanner.

Durante una semana, venir a la oficina ha sido una terrible pesadilla, dolores de cabeza y de vista, que contribuían a generar más estrés y desánimo.

No puedo entender que se tengan que hacer las obras compartiendo el espacio y el tiempo. No puedo entender que nadie se ponga en nuestro lugar para comprender nuestras quejas o malestar..

No puedo entender que no se hagan durante los fines de semana o después del horario de oficina (y sin que el empleado sea el responsable de alargar su jornada) o que mientras duran, a los empleados no se les traslade o se alquile o habilite otro local o, incluso, con unidades móviles.

Las obras requieren planificar, visitar el lugar, ponerse en el sitio de los otros, conocer y responsabilizarse de la actividad que otros realizan.

Porque si para nuestros clientes alardeamos de un trato preferencial y diferenciador, también cada una de las oficinas deberíamos exigir para nosotros este mismo trato cuando llega el momento de hacer obras.

Si realmente nos preocupa el empleado, no todas las decisiones tienen que significar ahorro de costes. Este menor gasto no puede ser el permanente motor que mueva nuestras actuaciones. Porque en ocasiones el trabajo y la salud de cada una de las personas que hacemos posible la realidad de bankinter, quizás, requieran un mayor gasto.

Y ojalá esta queja sirviera para prevenir en el futuro.

Elena Asensio