Política de cookies

Este sitio usa cookies propias y de terceros para facilitar la navegación y obtener información de estadísticas de uso de nuestros visitantes. Puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón 'Aceptar' o configurarlas o rechazar su uso pulsando el botón 'Configurar cookies'

Para más información consulta nuestra Política de cookies


REVISTA EL_ESPEJO: He perdido mi vida, soy mujer - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

OPINIÓN DE El cid Campeador para BKCLIMA:

VER TODOS LOS BKCLIMAS


Hace días perdí,
todo complemento,
en ese treinta de subida...
...(leer más)
Hace días perdí,
todo complemento,
en ese treinta de subida...
Hoy te intento contar
Que todo va bien,
aunque no me lo creo...
Aunque a estas alturas
Un último esfuerzo,
es que yo no lo veo...
Y aun cumpliendo en seguros,
las nubes se van,
mas el complemento no regresa...

EL ESPEJO

ÍNDICE ARTÍCULOS

REVISTA EL_ESPEJO: He perdido mi vida, soy mujer

Nuria Abad

Me resulta muy difícil escribir estas líneas, lo hago desde la desesperación y la vergüenza. Desesperación pues nada puedo hacer y vergüenza por la realidad de ver cómo soy ciudadano de segunda por ser mujer.

Siento que lo que me está ocurriendo no es real, que esta situación para nada corresponde con la sociedad en la que pensaba que vivo.

Lamentablemente ese sentimiento de irrealidad se pierde cuando miro, no la televisión, no los mensajes adoctrinadores y ejemplarizantes donde se dice que las mujeres somos iguales a los hombres, incluso con increíbles "cachas" femeninas capaces de hacer caer al más grande de los gigantes, sino cuando vivo la absoluta realidad.

Llevo medio siglo de vida, más de un cuarto de ella trabajando, casi el mismo tiempo que hace que la Constitución reconoce la igualdad entre hombres y mujeres en España. Me consideraba una persona independiente y capaz de elegir cómo vivir dentro de las normas que la sociedad establece, con una maravillosa hija a la que hasta ahora decía que era una mujer libre, independiente, dueña de su futuro e igual a sus compañeros masculinos donde las diferencias eran las diferencias entre individuos.

Con ella, con su delicadeza como niña de percentil bajo, año tras año nos hemos ido enfrentando a los acosos que por su cualidad de niña la hacían víctima fácil de sus compañeros chicos, más grandes que ella, más "agresivos".

Hemos aprendido a quitarle importancia a que le levanten la falda, sobre todo evitando la utilización de faldas, hemos aprendido a quitarle importancia a los empujones escudándonos en la manida frase de "denúncialo a los mayores" y callando cuando ella respondía denunciaba que no la escuchaban.

No nos hemos quedado quietos, hemos seguido las normas que se establecen para estas situaciones, informarlo al tutor, al director. Se ha hecho poco, unas charlas a los susodichos y la aceptación inevitable de que estas cosas ocurren en los colegios.

Desgraciadamente me ha tenido que ocurrir a mí para que ya no pueda cerrar los ojos ante la cruda realidad.

Un acto del que fui víctima, la violencia de genero, me está mostrando que, al igual que mi hija en el colegio, yo en la sociedad adulta, tengo que bajar la mirada para no ofender, tengo que no salir para que no me encuentre, tengo que esconderme y vivir con miedo porque no es cierto que seamos iguales, que tengamos los mismos derechos.

Soy mujer, y por ese simple hecho, víctima... culpable.

No importa que no hiciera nada. No importa que sufriera una brutal agresión de la que intenté defenderme, logré arañarle para poder alejarme. Unos arañazos que le ofendieron de tal modo que con su respuesta me reventó el tímpano y la nariz. Soy mujer y cuando llegaron los del 112 yo no merecí su atención.

Se ha legislado, se han hecho programas de atención a las víctimas, hasta ahora estaba incluida en ellos. Un juez y su fiscal vieron la desproporción de mi agresión y mi respuesta y me "protegieron" con una orden de alejamiento. Unos programas que ves como día a día pierden recursos económicos y materiales porque esto fue una moda que ya pertenece al pasado. Unos programas que te hacen sentir lo insignificante que eres, que te marcan.

Ha pasado un año, un año de terror por encontrarme con esa bestia superior a mí, un año de miedo, de permanecer encerrada en casa. Un año en el que me he podido incorporar a trabajar, no con normalidad, sino con mi perro pastor alemán que está aprendiendo la maniobra de defensa, uniformado y con un enorme bozal con el que podrá impedir que nuevamente se abalance sobre mí y me pegue. Un perro que me dará unos minutos para intentar huir, porque la orden de alejamiento, puede romperla en cualquier momento, porque hacerlo no tendrá consecuencias para él, apenas una multa, que podrá no pagar.

Un año en el que no he podido olvidar, porque él me agredió una vez, pero he tenido que vivir la misma angustia una y otra vez ante la justicia, ante él, con los innumerables juicios en los que mi vida depende de la interpretación de un juez y su fiscal. Ahora me toca el tercero.

Ha pasado un año y no puedo pasar página porque soy la víctima... culpable.

Y no sé cómo explicárselo a mi hija, cómo decirle que no es cierto lo que hasta ahora le estaba diciendo. Y sobre todo, cómo decirle que es un ciudadano de segunda por haber nacido mujer.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: He perdido mi vida, soy mujer

Opina sobre esta intervención: Tu mensaje se verá a pie de la misma.

Es el nombre que aparecerá firmando tu mensaje

Para opinar en nuestra web necesitamos saber que eres tú, solo utilizamos el usuario para darte acceso, no aparecerá en ningún otro sitio.

Puedes escribir caracteres.

Marca este campo si quieres que te avisemos cuando alguien conteste a tu intervención