Política de cookies

Este sitio usa cookies propias y de terceros para facilitar la navegación y obtener información de estadísticas de uso de nuestros visitantes. Puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón 'Aceptar' o configurarlas o rechazar su uso pulsando el botón 'Configurar cookies'

Para más información consulta nuestra Política de cookies


REVISTA EL_ESPEJO: ¡Pobrecito Outlook! - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

OPINIÓN DE Hasta arriba para BKCLIMA:

VER TODOS LOS BKCLIMAS


Hemos crecido en clientes y no en personal. Vivimos perpetuamente sobrecargados de trabajo. Se pierde la ilusión por trabajar.

EL ESPEJO

ÍNDICE ARTÍCULOS

REVISTA EL_ESPEJO: ¡Pobrecito Outlook!

Miguel Ángel Martínez

Si estás leyendo estas líneas significa que la pluralidad y la disparidad de ideas, no son meras figuras retóricas en el sindicato, sino una palpable realidad y una muestra tangible de la diversidad que se acoge bajo sus siglas.

Y es que no puedo permanecer inalterable ante la injusticia, ante el vilipendio que acontece delante de mis narices, ante un escarnio popular más propio del medievo que de la era del 5.0; máxime si lo que se pretende mancillar es algo que el Banco nos ha aportado a todos de manera gratuita, altruista, generosa, y de lo que nos beneficiamos continuamente en nuestro día a día. Me estoy refiriendo a Outlook.

Hace ya un año largo que los próceres de nuestra Entidad decidieron dar un paso adelante, sustituyendo Notes por Outlook. Con este cambio, emulamos a la soldadesca, tal y como proclamaba solemne un cabo primero de cuando hice la mili: "La infantería española nunca retrocede. Da media vuelta y avanza". Pues nosotros, igual. Lo realmente importante no era la dirección tomada, claramente para atrás, sino el hecho de dar ese paso.

Outlook es una víctima de voces cada vez más extendidas y unánimes. Ignoro si tenemos la versión 2010 AC (antes de Cristo), o la EPM (errores por minuto), pero independientemente de esto no podemos ignorar que este Outlook es "nuestro" Outlook, y como tal tenemos que valorarlo, estimarlo e incluso amarlo. Da igual en qué estaban pensando nuestros líderes cuando decidieron adoptar un correo electrónico que se da de bofetadas con la forma de trabajo que los mismos líderes han desarrollado, y que requiere atender buzones y más buzones. Nuestra reacción debería ser similar a la de aquel matrimonio, que ante la visión de su hijo corriendo desnudo por el pasillo, gritando rebozado en harina, se mira y musita resignado uno al otro: "habrá que quererlo igual..."

Reconozco avergonzado que yo también fui uno de ellos. Yo también bramaba un día sí y otro también con el cambio de correo electrónico. Problemas que antes, con Notes, simplemente no existían, con el recién llegado, no es sólo que tomen carta de naturaleza, sino que se enquistan como una verruga. La leeeeeeeeeennnnnnnnnntttttttiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiitttttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuudddddddd, el hipnótico circulito azul que gira y gira incesante como si en su interior habitara un hámster, su rebeldía para archivar un correo en la carpeta que uno desea, y que él guarda donde le da la gana; el ímprobo esfuerzo que representa localizar correos archivados antiguos... todo ello y más cosas me traían por el camino de la amargura y el rencor.

Sin embargo, con el tiempo esa amargura, ese rencor, ha dejado paso al cariño; incluso a la complicidad. Ahora, cuando surge el circulito azul, ya no le bramo tacos de baja estofa; sino que, acariciando la pantalla con mimo, le animo con un "¡venga chiquitín, que tú puedes!". Y efectivamente, al cabo de bastante, incluso mucho tiempo, sale de su letargo y vuelve a funcionar. Ignoro si todo esto es producto del roce, que hace el cariño o simplemente un indicio del síndrome de Estocolmo. Pero ¡qué más da!

Ahora está en ciernes otro peligro no menos importante: la satanización de Argo. Preocupado, empiezo a escuchar voces quejándose de que este nuevo canal, sustituto de Hermes, no deja de ser un mero sucedáneo de su antecesor. Sin sus virtudes, pero manteniendo sus defectos. ¡Ya está bien! Suce- dáneo, sucedáneo...Ya sabemos lo que es un sucedáneo respecto del original; pero mira, con ajo picadito, guindilla y bastante imaginación, las gulas dan el pego fenomenal. ¿A que sí, Mariló?

Título: REVISTA EL_ESPEJO: ¡Pobrecito Outlook!

Opina sobre esta intervención: Tu mensaje se verá a pie de la misma.

Es el nombre que aparecerá firmando tu mensaje

Para opinar en nuestra web necesitamos saber que eres tú, solo utilizamos el usuario para darte acceso, no aparecerá en ningún otro sitio.

Puedes escribir caracteres.

Marca este campo si quieres que te avisemos cuando alguien conteste a tu intervención