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REVISTA EL_ESPEJO: Los otros riesgos - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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Hemos crecido en clientes y no en personal. Vivimos perpetuamente sobrecargados de trabajo. Se pierde la ilusión por trabajar.

EL ESPEJO

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REVISTA EL_ESPEJO: Los otros riesgos

Elena Asensio

Si en un contexto de crisis como el actual nos preguntásemos cuál es el mayor riesgo que tiene ahora la profesión de bancario, es muy posible que de forma rápida e intuitiva, respondiésemos, que la posibilidad de sufrir un atraco.

Porque cuando dentro de un pensamiento lógico relacionamos la banca con el dinero, y la crisis con la falta de éste, es natural pensar que en épocas de vacas flacas, los atracos vuelvan de nuevo a crecer, y a constituir un riesgo, sobre todo, para el empleado que trabaja en una oficina de "cara al público".

Los datos que existen sobre ello así lo demuestran. Y si las estadísticas no mienten, hemos de pensar que el número de éstos crecerá, en la medida en que la crisis económica se acentúe.

Tradicionalmente se ha considerado ésta como una profesión de éxito, con imagen, que denota un cierto status o una cierta presencia en el mundo actual. Y no parece que detrás de esta imagen, puedan esconderse otros peligros.

Sin embargo, una mirada más reflexiva descubre a nuestro alrededor, otro tipo de riesgos y una realidad que empieza a ser preocupante.

Las entidades bancarias han cambiado de estrategia de forma drástica, (aumento de diferenciales, exhausto análisis de los riesgos, escasa o nula capacidad de decisión, retirada de comercialización de productos sobre los que antes se pedían explicaciones por su no colocación en el mercado...) Y este cambio lo llevan a efecto casi exclusivamente de forma interna, porque exteriormente se pretende mantener la imagen de que todo sigue igual

Por otro lado, el empleado ha llevado su relación con el cliente más allá de la mera relación profesional. Relación que ha surgido a costa de muchos cafés, y comidas, que han sido orígenes del nacimiento de nuevos negocios o de incrementos de los ya existentes. Y que antes se consideraban como actividades obligatorias para el buen profesional, y que ahora, sin embargo sólo son portadoras de malas noticias.

Estas contradicciones hacen que el empleado se sienta prisionero, presionado por arriba y por abajo. Colocado en una encrucijada que genera malestar y pérdida de la motivación.

Durante los años de prosperidad todos los empleados bancarios hicieron posible el cumplimiento de sueños, la casa, el coche, el nuevo negocio, las vacaciones. Porque el trabajo además de servir para ganarse la vida, se convirtió también en el mecanismo que expresaba la necesidad de ser socialmente útil. Si somos buenos profesionales, si además damos satisfacción a una demanda social, nos sentimos también más útiles a la sociedad, y nuestra autoestima crece.

Pero cuando las condiciones que nos rodean se deterioran todos estos valores se vuelven en nuestra contra, si ya no generamos felicidad, si sólo damos malas noticias, o creamos adversidad, nuestra estima cae, el trabajo se convierte exclusivamente en obligación, pierde todo componente social, y dejamos de ser socialmente útiles. Incluso podemos llegar a plantearnos si nosotros también tenemos un grado de culpabilidad. El malestar y el desánimo interior crecen sin saber muy bien la razón.

Las empresas que han considerado a la plantilla como su mejor activo, se empeñan ahora en no querer ver las cosas, en seguir negando una realidad, nuestros jefes siguen actuando como si nada hubiese cambiado, los mismos objetivos, las mismas presiones. Y sobre todo, tenemos que seguir manteniendo nuestra profesionalidad.

Pero no se nos dan recetas para combatir el desánimo, las empresas no tienen una estrategia para el malestar colectivo, siguen negando su existencia, y considerando que se trata de problemas puntuales e individuales. Han conseguido que individualicemos el malestar. Surge la ansiedad, el stress, el dolor de espalda o de cabeza, una apatía, un "no sé qué", que apenas podemos explicar, pero se nos convence de que no son fallos en el sistema, son problemas nuestros de falta de organización, o de no priorizar, o de no saber afrontar las adversidades.

La presión social tampoco ayuda. Los comentarios de nuestros políticos contra la banca, arrastran también a una opinión pública muy castigada y susceptible. Aumenta el nerviosismo y crece la agresividad. El cliente entra a la defensiva, amenazando, exigiendo, con un lenguaje violento y áspero que utiliza como mecanismo de defensa (y suerte tenemos hasta ahora de que no se defiendan con otros elementos). El trabajador de la banca se ha convertido en su enemigo y hay que combatirlo.

Es cierto que en épocas de crisis, impera la norma de "sálvese quien pueda", pero la superación de este malestar pasa por sentirse parte de una colectividad, por integrarse y asumir que es un problema colectivo, y que como tal ha de tratarse. Y que no podemos resignarnos en el papel de víctimas.

Hemos de incorporar a nuestras peticiones, políticas o actuaciones que reconozcan y combatan el desánimo y malestar colectivo. Hemos de exigir una estrategia contra la baja autoestima, tenemos que evaluar los riesgos psicosociales que las nuevas condiciones laborales y sociales están generando.

Y desde un punto de vista sindical, quizás sea éste el nuevo reto que hayamos de asumir e incluir en todas las negociaciones con las empresas.

¡No te quedes sólo! Participa.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Los otros riesgos

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