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REVISTA EL_ESPEJO: Nada es lo que parece - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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¿Qué sentido tiene que para solicitar préstamos de empleado tenga que copiar a mi responsable? ¿Y si estoy pidiendo dinero por una situación personal difícil? ¿Por qué mi responsable tiene que saber si me separo/divorcio, si se me ha roto el coche o si me quiero comprar una estantería de IKEA?

EL ESPEJO

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REVISTA EL_ESPEJO: Nada es lo que parece

Elena Asensio

Hace más de quince años, que soy delegada sindical. Cuando me lo plantearon se abría ante mí todo un mundo por descubrir. He tenido un carácter rebelde y un tanto contestatario, pero siempre por libre y según mis principios. Conocer a determinadas personas, y el trabajo que hacen, me enseñó lo que significa la fuerza de un grupo, y me convencieron del valor que tiene trabajar agrupados y además creérselo. La actividad sindical ha sido durante mucho tiempo un importante aliciente en mi trabajo diario y otra forma de entender y de realizar este.

Ahora, paso por momentos bajos, y me he llegado a plantear, si “tirar la toalla”, continuar según mi entender y trabajar solo para mí. Pero que quede claro, que nadie me dijo nunca, que crear conciencia sindical fuera fácil, ni nunca nadie me obligó a ello, ni nadie me pidió nada a cambio. Soy yo, la que cada vez que ve, cómo siguen “pisoteándose derechos”, que tanto lucharon otros, o cómo agachamos la cabeza sin querer ver lo que ocurre a nuestro lado, o cómo donde dije digo, digo ahora diego, o cómo firmamos una carta que nos desdice de lo que antes se dijo, o cómo justificamos comportamientos de los jefes que criminalizamos en los compañeros, o cómo asumimos responsabilidades que no nos corresponden y lo discutimos, si nos lo reprochan, o cómo los intereses de marca o políticos han de quedar por encima de cualquier otro, siento que he fracasado en mi trabajo, y que hay algo que no estoy haciendo bien. Siento que lo único que hago es “darme cabezazos contra la pared”. Las fuerzas me abandonan, y estoy cansada. Que cada uno sea responsable de su decisión y de sus consecuencias.

Me dicen que no tengo razón en lo que siento, que los números me acompañan, que tanto trabajo ha tenido su recompensa, que cada vez somos más los que creemos en esta forma de hacer conjunta, y que, valgo para esto. Y por tanto, supongo, que algo he tenido que hacer bien. Pero no sé si me compensan unos resultados colectivos, cuando de manera individual seguimos sin madurar, y creyéndonos las víctimas de todo lo que nos pasa, sin querer levantar la mano y reclamar el ejercicio de nuestro derecho.

Y lo peor de todo esto, es que mi desgana, o apatía, no es culpa de la empresa, porque me guste o no (que no me gusta), hace lo que tiene que hacer, y conozco las herramientas para enfrentarme a ella. Lo que me desubica, lo que me aburre, lo que me provoca frustración, es la inmadurez del trabajador, su encogimiento de hombros, o esa única respuesta monotemática del “sí, señor”, y máxime si la pregunta la hace el representante de la empresa.

Por eso, escribo este artículo, como desahogo, como reflexión en voz alta, y también para dar respuesta a quien me ha preguntado, y a quien ha notado mi ausencia en la revista.

Gracias.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Nada es lo que parece

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