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REVISTA EL_ESPEJO: No basta con ser legal, también hay que parecerlo

Elena Asensio

Es cierto, que quizás hoy escriba desde el resentimiento, porque me ha tocado a mí, y desde el convencimiento de que ocurre, por ser delegada sindical.

Desconozco si después publicaré este artículo o si modificaré su contenido, pero hoy por hoy, escribir y contarlo, es la manera de liberar una cierta frustración, no sólo porque considere que se trata de una actuación arbitraria y sin sentido, que me ocasiona un perjuicio y que me castiga por la actividad sindical realizada, sino también porque entiendo que la explicación recibida, o la justificación a dicho cambio, precisaría de una argumentación seria y, al menos, “currada” o trabajada. “La tan manida expresión” de que es un bien para la organización que se encuadra en una actuación legal, no es válida, ni se sostiene, cuando la persona afectada es un delegado sindical, y estos argumentos son fácilmente rebatibles. En estos casos, no basta con que la actuación sea legal (“sólo nos faltaría que no lo fuese”), es que además ha de parecerlo.

Siempre he pensado que el victimismo y la queja, sólo nos conducen a la comodidad y al fatalismo, que para mejorar las cosas y hacer una sociedad más solidaria y participativa, es necesario involucrarse. Por eso elegí y quise ser delegada sindical.

El tiempo me demostró que era mucho y muy largo el camino que habría de recorrer en el banco, y dejé de lado la carrera profesional en bankinter, (no es cuestión de héroes, también lo han hecho más compañeros), porque una cosa son las maravillosas palabras con las que los jefes, también denominados gestores de personas, nos regalan cada día los oídos, y otra muy diferente, es lo que nos dicen con sus hechos y decisiones.

Hoy he aprendido a vivir con la mala prensa del delegado sindical, me rebelo cuando me dicen que nuestro trabajo no está alineado con el perfil del banco, y he terminado asumiendo, que no compartiendo, como algo intrínseco en la definición del delegado sindical, su negativismo y su falta de colaboración en el equipo.

Con el cambio en la Dirección de la Organización, llegaron otros jefes de zona y otros aires. Y con ellos, se inició una etapa, consentida y permitida desde Gestión de Personas, en la que lo fundamental ha sido sacar a los delegados sindicales más díscolos y activos, de aquellas zonas, centros o puestos de trabajo, en los que más molestaba o incordiaba su trabajo, su actitud o sus ausencias. En algunos casos de manera consentida y negociada, y en otros con la total oposición y denuncia del delegado sindical. Y así, podemos recordar los casos de Jordi Reinoso, después Fidel Socías, y ahora yo.

El traslado a Mollet, a una población que está en el límite de los 25 kms, en el mismo puesto de caja, que implica que alguien me tiene que sustituir cuando yo me voy, alejándome de mi domicilio, y con un claro perjuicio económico y personal, no es de fácil argumentación, si no lo entendemos como otra maniobra de los jefes actuales, para castigar la labor sindical y sacarse ellos un problema de encima, y trasladarlo a otros y a otras oficinas.

Nos argumentan que el movimiento es legal porque está en el margen de los 25 kms. Pero cuando la persona afectada es un delegado sindical, no basta con que las actuaciones sean legales desde un punto de vista objetivo, también han de parecerlo desde el punto de vista subjetivo y externo. No es verdad que a los delegados sindicales no se les pueda tocar. Yo misma, con los jefes anteriores, he cambiado muchas veces de oficina sin ninguna oposición por mi parte.

Nos dicen que se trata de un cambio que es bueno para la Organización. Y nosotros decimos: bueno para la organización sería un puesto de trabajo que no requiriese sustitución cada vez que se producen ausencias en ejercicio del crédito sindical. El puesto de caja, requiere usar recursos del equipo volante o de otros miembros de la oficina, para suplir las ausencias y cubrir ese puesto de trabajo. Y estas, a la larga, terminan siendo puntos de fricción con la oficina, y con los compañeros. “Y molestias o quejas” para el director de red.

Un bien para la organización sería colocarme en el equipo volante, porque fuera del trabajo sindical, sería un refuerzo para dicho equipo, y cuando hiciera uso de las horas sindicales, nadie tendría que sustituirme o ponerse en caja. Se ganan dos personas para esta función, yo misma, y la que no me sustituye.

Un bien para la Organización sería desempeñar un puesto de soporte administrativo, que no requiriese sustitución, en el que las reiteradas ausencias sindicales no fueran una hándicap para la marcha, calidad o relaciones en la oficina. Y en el que en cualquier caso, sería un refuerzo muy bien recibido en cualquier centro.

Por cierto, esta posibilidad ya está contemplada en otros sitios. Sólo se necesita interés y capacidad para gestionar personas.

En definitiva, el nulo interés para gestionar personas y relaciones sindicales, la prepotencia con la que se actúa, sin que importe encontrar o buscar argumentos razonables y justificables, nos demuestra la intención de la Organización de castigar e ignorar a todo aquel delegado sindical de Barcelona, que se empeñe en levantar la voz y mostrar su disconformidad. Actuaciones y decisiones, que estando amparadas y protegidas por Gestión de Personas, nos conducen y ponen además, en una situación de conflicto, que no es buena para ninguna parte.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: No basta con ser legal, también hay que parecerlo

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