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Crónicas de andar por casa - El_espejo 76

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   nº 76: junio 2007

  1. Despidos
  2. Media paga de agosto
  3. Cambio de imagen
  4. Crónicas de andar por casa
  5. A vueltas con los becarios
  6. De vuelta con los becarios
  7. Jornada de verano
  8. Motivo/ación
  9. Objetivos rentables pero no beneficiosos
  10. Gestores de personas
  11. Banca telefónica
  12. Elige el tuyo y vete
  13. Pensar en la marca
  14. Formación
  15. Puertas de caja
  16. Día internacional de la seguridad y la salud
  17. El atraco es un riesgo laboral
  18. Lipoatrofia semicircular
  19. Reunión con la dirección
  20. Transformación estratégica
  21. Mi trabajo es administrativo
  22. Carrera de subdirectores
  23. El regreso
  24. Convenio colectivo
  25. 2 rue de San Pedro

                       

Podrían fabricar los coches autohinchables, que infláramos o desinfláramos a nuestro antojo, eso nos permitiría tenerlos siempre a mano, subirlos a la oficina cuando no encontramos aparcamiento, llevarlos en el metro para evitar atascos y un abanico inmenso de posibilidades que nos ahorrarían un montón de quebraderos de cabeza. Pero mientras no aparezca el lumbreras que desarrolle tan excéntrica teoría, debería pensarse algo para solucionar el problema del parking en el edificio de Tres Cantos.

Para aquellos que desconozcan el problema, diré que en el edificio de Tres Cantos trabajan diariamente alrededor de novecientas personas de las que más de dos tercios son empleados del grupo Bankinter con derecho a parking. Un parking que de por sí es insuficiente y que las obras y el desproporcionado número de plazas reservadas hacen imposible encontrar plaza libre pasadas las 8,30.

Hará algo más de un año se contrató a una persona para que ejerciera labores de aparcacoches, lo que permitió aparcar en doble fila incrementando considerablemente el número de plazas de aparcamiento, pero generando también un problema a aquellos que entrando a primera hora aparcan en las plazas de aparcamiento y cuando terminan su jornada, se encuentran con el coche bloqueado y una larga fila de compañeros en su misma situación, por lo que tienen que esperar entre media hora o cuarenta minutos para poder emprender el viaje de regreso.

Sé que se trata de un problema complejo, y que su solución pasa por la puesta en marcha de medidas como la potenciación del transporte colectivo por parte la Dirección, la concienciación por parte de los empleados del uso del transporte público sobre todo del que Bankinter pone a nuestro servicio, que además de cómodo es gratuito y pensar que venir a trabajar en el vehículo particular sólo es rentable para aquellos que por motivos muy concretos, como vivir en zonas despobladas o problemas de horario, no puedan hacerlo de otra manera. También habría que reducir de manera importante el número de plazas reservadas, reorganizar el aparcamiento de tal manera que los coches aparcados en doble fila no impidan la salida de los aparcados en las plazas establecidas, ya que es lógico suponer, que los que entraron más temprano antes saldrán y con su salida dejarán expedita para los coche que llegaron después y de esta manera se evitarán esperas y cabreos innecesarios por tener el coche bloqueado a la hora de la salida.

 

En una reunión de delegados de la Sección Estatal de Bankinter, me presentaron a Julián Delegido y José Vicente Vallés, subdirectores de sendas oficinas de Valencia. Tras saludarnos y detallar la ubicación de nuestros puestos de trabajo, por romper el hielo de una conversación demasiado formal, comenté "pues yo veraneo en Valencia" y como impulsados por un resorte contestaron los dos al unísono "nosotros también". Supuse que quienes viven en la costa no necesitan cambiar de entorno para disfrutar las vacaciones. Por lo que decidido a avivar una conversación que empezaba a hacer aguas, sentencié "claro con esas playas ¿Dónde vais a ir que estéis mejor que en casa?" Me explicaron que ellos no tenían vacaciones en verano y no porque no las quisieran, sino porque el equipo volante de Valencia lo formaba una persona subcontratada, que tenía la misión de sustituir a los subdirectores de las dieciocho oficinas que forman la Organización. Y claro, mucha suerte hay que tener para pillar una quincena de vacaciones en época estival. Y las vacaciones fuera de esa época no lucen lo mismo, los hijos tienen colegios y si tu pareja trabaja peor todavía. No pude por menos que esbozar una disculpa diciendo "chicos yo no imaginaba que estuvierais tan mal por allí".

 

Mayo en Madrid es una fiesta. Con él, la llegada del buen tiempo y éste es el pistoletazo de salida para que los habitantes de esta ciudad, tan ingrata durante el largo invierno, salgamos a abarrotar sus calles, parques y jardines maravillados por sus encantos. Mayo arranca con las fiestas de los trabajadores y la del levantamiento contra la invasión napoleónica, los días uno y dos. El quince de mayo, San Isidro, que al ser patrón de Madrid, además de la fiesta, nos regala a los empleados de Banca una semana de la jornada reducida. Y, si a esto añadimos que el día 23 comienza la jornada de verano o que los aficionados a los toros tienen su fiesta y que la feria del libro se asoma al Retiro, se entenderá por qué mayo para los madrileños es un mes entrañable.

El Comité de Empresa de Tres Cantos, impregnado de este estado de ánimo que se respira en la ciudad pensó que hacer una fiesta con los compañeros del centro es una buena idea, sobre todo, de un tiempo a esta parte que nuestra actividad sindical se ha visto respaldada por un importante número de empleados. Con estos argumentos, nos pusimos manos a la obra decidiendo que el lugar más idóneo sería el jardín del edificio que Bankinter utiliza para las celebraciones. Con esta ubicación y un menú austero aunque suculento, nos dirigimos a la dirección del centro para solicitar autorización a dicho acto, autorización que denegaron con argumentos tan nimios como injustificables y menos en personas que no hace muchas fechas nos acusaban de crispar el buen ambiente laboral con propuestas radicales a situaciones normales dentro de la actividad laboral.

Buscando posibles motivos de la inesperada negativa a una petición tan inocente como sencilla, llegamos a la conclusión de que el Banco quiere enmarcar la actividad sindical dentro de la conflictividad y evitar a toda costa que lo sindical se integre en cualquier actividad del día a día. Y por qué, porque equivocadamente, piensan que mantenernos en conflicto es lanzar un mensaje al resto de los empleados diciendo, cuidado con éstos que son conflictivos y si comulgáis con sus ideas u os dejáis influir por ellos tendréis problemas. Pero no se dan cuenta de que nosotros, los delegados sindicales, también somos el Banco, que llevamos mucho tiempo aquí y que estamos realizando una buena labor, labor que cada día nuestros compañeros estiman más necesaria y eso inevitablemente granjea simpatías que chuscas maniobras no podrán impedir.

Nicolás del Real