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Mi trabajo es administrativo - El_espejo 76

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   nº 76: junio 2007

  1. Despidos
  2. Media paga de agosto
  3. Cambio de imagen
  4. Crónicas de andar por casa
  5. A vueltas con los becarios
  6. De vuelta con los becarios
  7. Jornada de verano
  8. Motivo/ación
  9. Objetivos rentables pero no beneficiosos
  10. Gestores de personas
  11. Banca telefónica
  12. Elige el tuyo y vete
  13. Pensar en la marca
  14. Formación
  15. Puertas de caja
  16. Día internacional de la seguridad y la salud
  17. El atraco es un riesgo laboral
  18. Lipoatrofia semicircular
  19. Reunión con la dirección
  20. Transformación estratégica
  21. Mi trabajo es administrativo
  22. Carrera de subdirectores
  23. El regreso
  24. Convenio colectivo
  25. 2 rue de San Pedro

                       

Recientemente, en nuestra organización, se ha convocado una vacante para interventor volante. Hasta donde yo sé, nadie ha optado por esa plaza. Pero ello, no es sino consecuencia de la política llevada por el banco. Porque con la subcontratación de servicios, la externalización, el desvío de todo el trabajo administrativo a los CA, se ha ido eliminando toda formación técnica y administrativa, no hemos creado unas bases sólidas en este campo, ni una carrera profesional atrayente. E incluso, a muchos de los becarios que han pasado por las oficinas y que se han quedado en nuestra Entidad, se les ha enviado a los centros de pymes, y acaban ejerciendo de comerciales.

Porque el trabajo administrativo se ha ido menospreciando, y ni el banco, ni nosotros mismos hemos sido capaces de darle la importancia que tiene. Y como no viste, no es productivo, ni genera riqueza se ha de eliminar, y nadie lo quiere. Y quiero aprovechar estas líneas para defender este trabajo en nuestra propia entidad, en Bankinter.

Actualmente, parece que el triunfo profesional estuviese vinculado a las ventas, a las captaciones. Es como si los que no quisiéramos ser directores de una oficina, estuviésemos llamados al fracaso, o al olvido, e incluso, podemos llegar a creernos que si no lo somos es porque estamos castigados.

Es cierto que en muchas ocasiones, son las diferencias económicas las que nos obligan a tomar una decisión u otra, porque el trabajo administrativo está discriminado no sólo social, sino también económicamente, pero es que tampoco nosotros hemos sabido valorar ni apreciar la importancia que tiene.

No hemos sabido encontrarle la recompensa, y por lo tanto, tampoco hemos exigido ni un reconocimiento, ni una equiparación al resto de los colectivos.

Es cierto que como banco, nuestro negocio está en la captación, está en vender más y en tener más clientes. Pero también como banco, somos una empresa de servicios. Y el servicio, según el Diccionario, se define como una acción o conjunto de acciones de cuya ejecución se deriva un beneficio ajeno. Y ambas apreciaciones no son incompatibles, y están recíprocamente relacionadas, porque ese carácter de servicio es lo que caracteriza nuestro trabajo administrativo.

Es cuando empiezo a comprender lo que alguien me dijo hace ya muchos años, de que al cliente que perdemos por productos o por tipos de interés, podemos volver a recuperarlo, pero aquel que perdemos por mal servicio, a ése no volvemos a tenerle nunca más por cliente.

O de cuando de mis visitas a oficinas y conversaciones con compañeros, obtengo la queja común de que falta personal administrativo (en una u otra escala, no hablo de puestos, sino de trabajos) o la incertidumbre que produce quedarse sin subdirector, o de la escasez de la plantilla volante.

O cuando sé de personas con perfil claramente técnico, a las que se disputan varias oficinas o centros.

O cuando veo cómo muchos compañeros se quejan de que la escasez de plantilla en el CA, hace que les resulte imposible atender los temas de las personas físicas, o cuando otros hablan y dicen "que si no fuera por el CA..., no podrían ni harían nada".

O cuando compruebo cómo los centros de pymes utilizan al becario como administrativo,

Y es cuando adquiero constancia de que estas circunstancias existen cuando empiezo a creerme y a estimar mi trabajo, y a entender que el trabajo administrativo también tiene un valor añadido, y muchos compañeros así lo reclaman. Y ello es lo que nos legitima a reclamar una carrera profesional como cualquier otro colectivo, pero que sea lo suficientemente atrayente en su progresión y retribución económica para no estar obligados a pinchar cuántas vacantes se produzcan, nos guste o no el trabajo, y simplemente por buscar un mayor salario. El trabajo administrativo también ha de tener participación en los premios (léase bonus u otros),o premios propios, porque ese trabajo es servicio, y posibilita que otros lo cobren y se lleven los éxitos. Hemos de tener una formación técnica y continuada, que nos dé solidez y seguridad en el desempeño del mismo, para que llegado el momento, y si es lo que nos gusta y queremos, podamos optar por seguir siendo simplemente técnicos o administrativos.

Elena Asensio