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REVISTA EL_ESPEJO: Teletrabajo y conciliación. Lucha de clases. - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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REVISTA EL_ESPEJO: Teletrabajo y conciliación. Lucha de clases.

Miguel Á. Sánchez-Izquierdo

Suena la alarma de mi despertador. Son las 6.35 de la mañana. 5 minutos más, por favor. Me levanto medio dormido. Me ducho. Las 7.00 de la mañana. Enciendo el ordenador. No puedo fichar en TramitAPP. Empiezo a trabajar/producir para mi empresa. A las 8.10 suena una alerta para despertar a mi hija. No puedo indicar nada en TramitApp. Desayunamos juntos (si parece que somos una familia feliz de la tele es porque somos felices). Nos preparamos para el cole. Un último adiós cuando ya está en la fila con sus compañeros, vuelvo a casa. Son las 9.10. Una hora exacta. El resto de mi jornada la puedo realizar en casa sin mayor problema porque acabo antes de que salga mi hija de clase y, como no tengo que soportar un atasco, llego a por ella. Otra escena de película: papá feliz que recoge a su hija a la salida del cole.

  

Esta es la realidad que queremos en nuestra vida. U otra muy parecida. Según la encuesta realizada por la Sección Sindical, la mayoría de los empleados quieren teletrabajar de forma parcial (2 o 3 días a la semana). Coincide con los resultados de otras muchas publicadas en prensa: los trabajadores han descubierto que se puede teletrabajar y que hacerlo mejora sus vidas.

En la inicial idealización de vida el protagonista ha logrado conciliar, eliminado la necesidad de reducir jornada, gracias a la combinación de dos medidas que la Dirección de Bankinter desprecia para la mayoría de empleados: flexibilidad y teletrabajo. Hacia fuera publicitan que ambas son valores de la compañía pero dentro sabemos que solo unos pocos privilegiados las tienen a su alcance. La Dirección de BK quiere que los clientes tele-operen porque eso es más barato (sobre todo ahorra en trabajadores) pero tiene el capricho de no permitir que sus trabajadores de base teletrabajen (aunque también es más rentable).

(Ver Telediario - 15 horas - 07/12/19 - RTVE.es desde el minuto 19.30)

La Dirección de Bankinter, nuevamente, ha incumplido sus compromisos con los trabajadores (“el teletrabajo ha venido para quedarse”) sin sonrojo y sin inmutarse. Son profesionales y defienden unos intereses. No es personal. A este que escribe no le sorprende y, si tienes el buen gusto de leerme, tampoco debería sorprenderte. En lo más duro de la pandemia COVID 19 ya te dije (ver artículo Visionarios y sordos) que las élites solo hacen concesiones a la clase trabajadora en dos momentos: (a) cuando no les queda más remedio o (b) cuando sacan provecho de la medida.

Los empleados y empleadas de Bankinter logramos mantener viva nuestra empresa teletrabajando. No dudamos en poner nuestros medios: nuestros móviles, nuestros ordenadores, pagamos las tarifas de luz, calefacción e internet para seguir produciendo sin ninguna contraprestación (principio básico del capitalismo: los medios de producción pertenecen al empresario). Nos adaptamos a la excepcionalidad que vivíamos como ha hecho siempre la clase trabajadora: arrimando el hombro.

Sí, he dicho nuestra empresa, la empresa de los trabajadores, porque yo no vi a los accionistas trabajar como locos en jornadas de 10 o más horas diarias. Tampoco vi a ningún accionista tener que eliminar su reducción de jornada para así cobrar alguna de las muchas horas extras que estaba regalando (y robando a sus hijos e hijas). Tampoco vi a ningún accionista con ansiedad o depresión, pero, en cambio, sí que vi cómo la acción se desplomaba por su huida. También vi como otros aprovechaban la crisis para hacer más grandes sus fortunas: Cartival -de Jaime Botín-Sanz de Sautuola y sus cinco hijos- adquirió entre el 13 y el 18 de marzo de 2020 (en plena pandemia) 1,6 millones de acciones de Bankinter a un precio de entre los 3 y los 3,99 euros por acción. También la consejera delegada del banco, María Dolores Dancausa, incrementó su participación con la compra, el 13 de marzo de 2020, de 75.000 acciones. La acción hoy, supera los 5€. Dioses con pies de barro y bolsillos de oro a los que parece que debemos la existencia. (Noticia - Arrebato en Bankinter: Jaime Botín compra 1,6 millones de acciones y mantiene la salida a Bolsa de Línea Directa)

Las voces que pedían que el teletrabajo se quedara aumentaron cuando “normalizamos” su uso. Muchos se sumaron a los que llevamos tiempo pidiéndolo porque vieron que era eficiente y permitía mejorar nuestras vidas. En ese momento, la Dirección lanzó un estudio/señuelo para ver si era posible teletrabajar y qué efectos podría tener. ¿Conoces los resultados o las condiciones de ese estudio? Yo tampoco. Según indicaron las conclusiones estarían para el último trimestre de este año. De entrada han cumplido el primer objetivo: dilatar el momento de tomar la decisión hasta un momento más propicio a sus intereses.  

Se llama lucha de clase y como dice Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del planeta: "Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando”. Mientras, los trabajadores nos hemos creído el unicornio azul de la armonización de intereses y la muerte de la lucha de clases. Todos estamos en el mismo barco. Las élites juegan en el casino, beben champán y ríen despreocupados mientras los trabajadores fregamos suelos y sentimos miedos de perder nuestros puestos de trabajo por reclamar el más intrascendente de los derechos. Todos en el mismo barco.  

Una de las mayores atrocidades del capitalismo hiperconsumista en el que vivimos es haber creado una sociedad de personas aisladas. Si pusiéramos en común nuestras necesidades podríamos ver cómo muchas son compartidas. Son muchos los compañeros y compañeras que me han hecho llegar sus quejas por el capricho de la Dirección de eliminar el teletrabajo. Cuando yo preguntaba “qué podemos hacer” muchos me respondían “nada” o “intentaré que mi responsable me lo conceda sin decir nada a GdP”. Esos seres aislados no entienden que otros seres aislados tienen la misma necesidad y que si se juntan dejarán de rogar clemencia para empezar a pedir mejoras y, finalmente, terminarán exigiendo derechos porque sin el colectivo las élites no pueden hacer nada. Un quirófano no se abre si las mujeres de la limpieza no hacen su trabajo (el femenino es intencionado). Ese es el poder de nuestra clase. Decir basta. Sin clase trabajadora, por ahora, las empresas no producen. Sin embargo, sin un individuo aislado, sí lo hacen.

Sé que la mayoría de los empleados quieren teletrabajar de forma parcial (3 o 2 jornadas semanales o llevarse la comida y terminar su jornada en casa). Lo que desconocemos, tanto la Dirección de la empresa como yo, es qué estamos dispuesto a hacer los trabajadores para lograrlo. ¿Hasta dónde llega tu compromiso? ¿Cuál es tu implicación con tu vida?

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Teletrabajo y conciliación. Lucha de clases.

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