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REVISTA EL_ESPEJO: EL SUCEDÁNEO - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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¿Qué sentido tiene que para solicitar préstamos de empleado tenga que copiar a mi responsable? ¿Y si estoy pidiendo dinero por una situación personal difícil? ¿Por qué mi responsable tiene que saber si me separo/divorcio, si se me ha roto el coche o si me quiero comprar una estantería de IKEA?

EL ESPEJO

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REVISTA EL_ESPEJO: EL SUCEDÁNEO

Miguel Ángel Martínez

Cada año que transcurre es invariablemente distinto del anterior. Sin embargo, nos encontramos con una serie de acontecimientos que se repiten tozudamente una y otra vez: el concierto de Año Nuevo, los atascos en Semana Santa, los dos partidos del siglo, la depresión post-vacacional, … y la convención de Bankinter.

En esta ocasión, a diferencia de anteriores, se celebró el pasado 7 de febrero en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. Fue un acto multitudinario en el sentido más literal del término, toda vez que se convocó al mismo a un tercio de la plantilla global del banco. En total unos 1.500 asistentes.

Una vez más se mostró el carácter ecologista del banco. Los símbolos y las metáforas marineras del yate surcando el proceloso e infinito océano de años precedentes, han dado paso a las majestuosas cumbres del Himalaya, con sus pináculos cubiertos de nieve perpetua. Mar versus montaña. La presencia de Edurne Pasabán, el breve pero apasionante cursillo de piolets, los gorros tibetanos, y las expresiones del tipo “llegar más alto”, rubricaron el flamante e intrépido carácter adquirido.

Por lo demás, y al igual que sucede cuando una empresa decide modificar el envase de un producto, pero sin variar el producto en sí para darle un aire aparentemente novedoso, en esta reunión ha pasado otro tanto. Las metáforas se han renovado, no así los mensajes transmitidos. “Nos enfrentamos a dificultades, pero triunfaremos”, “hay que mejorar la cuenta de resultados”, “tenemos que buscar la eficiencia” son conceptos que están ya bastante manidos y trillados, pero que han sido expuestos de nuevo. En resumen: más de lo mismo.

Quizá el rasgo distintivo de este evento ha sido su dimensión. Este año la convención del banco se ha convertido en un mega-acto de llamativas proporciones. Como señalaba al principio, 1.500 personas han participado del mismo, de los cuales aproximadamente la mitad han acudido desde todos los puntos cardinales de la geografía nacional. Por supuesto que no tengo las cifras y los responsables del banco se van a cuidar muy mucho de difundirlas (que somos transparentes, pero no tanto...), aunque no es difícil de imaginar el costo que ha generado semejante parafernalia. Disponer del Palacio de Congresos, contratar como ponente a Edurne Pasabán, el mosquetón conmemorativo que se ha distribuido entre toda la plantilla del banco, el costo en transporte de la mitad de personas invitadas (kilometraje, billetes de avión, tren y similares), reservas de hotel (para algunos/as elegidos/as), el lunch “pre” y “post” convención, etc... Aún haciendo una media, no es exagerado aventurar unos 300-400 euros de gasto por asistente, lo que daría un costo en este sucedáneo de los Goya, de unos 450.000 – 600.000 euros... y puede que me quede aún corto.

¿Era necesario todo esto?

Teniendo en cuenta que fue posible seguir el acto desde cualquier terminal de cualquier oficina por vídeo conferencia, resulta difícil de entender semejante montaje y semejante movilización de personal. Quizá por ello se requiere formular una pregunta previa: ¿Qué se pretendía conseguir con semejante acto?

La convención del banco no es sólo un evento de consumo interno. No se limita a ser una especie de “ejercicios espirituales” de la plantilla, sino que tiene también su reflejo hacia el exterior, y de lo que ahí se diga, tendrá su traducción en movimientos bursátiles de todo tipo en los mercados financieros, generándose una corriente de estabilidad o de todo lo contrario, dependiendo de cómo acojan estos mercados el mensaje difundido. Pero entonces, ¿qué pinta en esto el personal movilizado? Sólo acierto a encontrar una razón: Transmitir una imagen de unidad y fortaleza. ¿Cómo? HACIENDO BULTO, sin más.

En este punto cada cual debe valorar si merece la pena o está justificado semejante dispendio para semejante objetivo. Personalmente quizás lo que más me molesta de todo esto es el doble rasero. Es constatar que quienes no muestran ningún remilgo ante tamaño derroche, posteriormente ningunean de forma miserable derechos básicos de los trabajadores y que están recogidos y contemplados en la normativa en vigor. Me refiero con ello a derechos como el kilometraje para traslados de más de 25 kilómetros, me refiero a las dietas por comisión de servicio, me refiero al pago de las horas extraordinarias, etc.... Para esto sí que no hay dinero. Aunque puede que lo que no haya, sea en realidad, vergüenza.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: EL SUCEDÁNEO

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