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REVISTA EL_ESPEJO: Despidos disciplinarios - Servicios CCOO. Grupo Bankinter

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REVISTA EL_ESPEJO: Despidos disciplinarios

Elena Asensio

Como muchos ya sabréis y habréis leído, nunca en Bankinter hemos vivido una época de tantos despidos, como la acaecida en el primer semestre de este año.

Por lo que se refiere a los despidos improcedentes, no voy a añadir nada más a todo lo que ya se ha dicho o escrito. Pero sí quisiera escribir unas líneas sobre los despidos disciplinarios.

Estos despidos tienen su explicación en alguna mala práctica, en la vulneración de un código de ética, entre otras causas, cuya infracción supone la pérdida de la confianza por parte del banco en el "buen hacer" del empleado que así actúa. Y por eso desde el momento en que la relación laboral se fractura en una de sus arterias principales, el banco queda justificado para extinguir dicha relación.

No voy a defender que estas malas actuaciones o prácticas, no deban sancionarse. No voy ni a discutir la aplicación o no de dicho código ético. Creo que cualquier persona que no actúe con buena fe, o que pretenda engañar en beneficio propio, debe ser expedientada y, si es el caso, sancionada.

Ahora bien, una cosa es esto, y otra que no discutamos la forma y el momento de aplicar un código de ética. Porque cuando las cosas vienen mal dadas, "al perro sarnoso, todo se le vuelven pulgas", y todos nos volvemos más moralmente éticos que nunca, nos convertimos en auténticos intransigentes con la falta de buena fe en el contrario, nos convertimos en los más implacables de los jueces y aplicamos la máxima sanción como actuación ejemplarizante.

Porque no dudo que los compañeros despedidos hayan actuado mal, y que, con su actuación, todos hayamos sido un poco engañados y, repito, por todo ello, no dudo en que tengan que ser sancionados. Pero ¿y la responsabilidad de todos aquellos que agobiados por los resultados y por la escasez de plantilla decidieron colocarlos un día en un puesto de máxima responsabilidad? ¿Y qué pasa con todas aquellas palabras bonitas con las que te regalaban el oído, "porque tú vales mucho", "porque estoy seguro de que tú vas a sacar el barco adelante", "porque hemos puesto toda nuestra confianza en ti...", sin apenas formación, experiencia y sin recursos? ¿Y qué hay de toda la presión que día a día tuvieron que aguantar? ¿Y las amenazas que tuvieron que soportar, "dad gracias que mantenéis el puesto de trabajo", "si no cobráis el bonus, no sé si podréis seguir en ese puesto"? ¿Y las llamadas fuera del horario laboral, "es que si los resultados no salen, a las cinco no se nos puede caer el bolígrafo", y demás lindezas de este tipo que todos, en un momento o en otro, hemos escuchado?

Vale que, como he dicho, a todos en algún momento nos han regalado los oídos o han intentado presionarnos de muchas maneras ante la imposibilidad de alcanzar unos resultados, y que no todos hemos actuado rompiendo la buena fe o la confianza depositada por el banco en nuestra labor y en nuestra integridad, pero nuestros responsables, son también gestores de personas, como el banco está harto de repetirnos. Y los gestores de personas no pueden tratar a todos por igual, han de saber distinguir y diferenciar. Las mismas palabras causan efectos distintos en las personas. Han de ser responsables de lo que dicen, a quién y cómo lo dicen. Porque quizás ellos también tengan una parte de culpa, en las actuaciones posteriores de sus subordinados.

Hace dos años en Cataluña, fue expedientado el director de riesgos de la organización, con una suspensión de empleo y sueldo durante seis meses. Quizás no se había violado el código de ética, y no se había roto la confianza depositada en él, pero su experiencia, su formación, los años de banca y el puesto que ocupaba, nos inducen a pensar que sabía lo que hacía, que era perfecto conocedor de su actuación equivocada y, sin embargo, el Banco "sólo" lo suspendió de trabajo y salario durante 6 meses.

A compañeros nuestros, jóvenes, con mucha menos experiencia, con menos formación y conocimientos, llevados al límite por la presión diaria, no se les ha otorgado ni el beneficio de la duda sobre el posible desconocimiento de estar actuando equivocadamente y se les ha castigado con la máxima sanción posible.

Los tiempos eran diferentes, los puestos de trabajo también.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Despidos disciplinarios

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