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REVISTA EL_ESPEJO: Trabajadores tóxicos

Sección Sindical

Por Alba Ramos Sanz (El Confidencial)

El pelota, el chivato o 'bocachancla', el juerguista cachondo que relata cada día sus aventuras nocturnas, el trepa a la espera de que tengas un fallo, la estrella invitada, el pusilánime al que tienes que sacarle el trabajo, el bromista sin gracia alguna… ¿Te suenan? Claro, trabajas con ellos.

Personalidades desquiciantes que –al margen de que a ti te hagan insufribles e interminables las jornadas...–, se convierten en la peor pesadilla de cualquier empresa. Los conocidos como “empleados tóxicos” son perjudiciales para la moral del resto de la plantilla y, a largo plazo, suponen unos costes y una pérdida de beneficios más dañinas para las compañías que las malas gestiones financieras y las pérdidas económicas. La joya de la corona, vaya.

¿Cómo acabar con ellos? ¿Tan sencillo como despedirlos? Antes, hay que detectarlos. Y no es tan sencillo. Al menos así lo asegura una reciente investigación realizada por el Harvard Business School según la cual este tipo de personalidades no son tan evidentes como cabría esperar y sus comportamientos dañan y mellan al resto del equipo sin apenas ser percibidos.

La contratación de este tipo de personas puede costar cerca de 11.500 euros que se invierten en el reemplazo de los trabajadores que se marchan.

Pero, ¿qué hacen para resultar tan destructivos? Para descubrirlo, Michael Housman y Dylan Minor, autores del estudio, analizaron el comportamiento de 50.000 empleados de 11 empresas para poder determinar el perfil y hábitos comunes de estas personas conocidas como “trabajadores tóxicos”. Ojo, porque están por todas partes.

Housman y Minor contaron con el apoyo de un software diseñado por expertos en psicología a través del cual pudieron cotejar los datos extraídos de los cuestionarios que hicieron a cada uno de los trabajadores –a los que se les preguntaba de todo, desde sus capacidades profesionales hasta sus actitudes con el resto del equipo– con datos aportados por las propias empresas entre los que se incluían informes de rendimiento, productividad o trato con clientes y empleados, las causas que les llevaron a su contratación o despido, y otras características más generales como el tipo de contrato, horario, tiempo en la empresa, edad o sexo. “Los investigadores fueron capaces de obtener una extraordinaria visión de la mente de un trabajador de hoy en día”, reconoce Ariana Eunjung 'The Washington Post'.

En un extremo del baremo de lo que podía considerarse persona tóxica estaban aquellos que simplemente eran molestos, y en el opuesto, los que utilizaban el acoso, la intimidación, el fraude, el robo e incluso la violencia en su lugar de trabajo. El objetivo no era otro que descubrir si los que estaban en el extremo más radical fueron despedidos por su comportamiento tóxico. Y los resultados no encajan exactamente con lo que se podría esperar.

Al contrario de lo que muchos piensan, no son personas vagas ni cargan de trabajo al resto para hacer menos. “De hecho, son increíblemente productivos, muy por encima del promedio del resto de trabajadores”, aseguraron. Según explican Housman y Minor, el hecho de que personas con una dudosa ética y moral aguanten en las empresas podría deberse a los resultados económicos que logran. “Son corruptos pero sobresalen por su rendimiento en el trabajo”, explican. Como consiguen que la empresa gane dinero, la compañía mira hacia otro lado cuando sobrepasan los límites legales. No son los primeros que demuestran que las personas con poca ética acaban triunfando. De hecho, incluso están más tiempo que los que trabajan sin saltarse ninguna norma ni buscan su beneficio personal.

Otra de las característica destacadas en el estudio, aunque algo más evidente, también resulta fundamental para poder identificarlos: tienen la autoestima por las nubes, se consideran mejor que los demás y son egoístas. Claro que, tal y como aseguraron los investigadores, ellos no son conscientes de que su actitud afecta al comportamiento del resto de la plantilla, que ve como cada día están más presionados a hacerlo todo en función de los estrictos horarios, formas de trabajo, preocupaciones y prioridades de los tóxicos. Acaban indudablemente sometidos al ritmo del tóxico, lo que termina con su creatividad, motivación y, a largo plazo, productividad. Resultan claramente agotadores para quienes les rodean.

Como cuando éramos adolescentes, nos dejamos llevar por lo que hacen los demás y nos sentimos presionados para copiar determinadas actitudes que vemos en los triunfadores: antes en el instituto, ahora en la empresa. Según el estudio, parece que este tipo de personas son capaces de influir en el resto de la plantilla conduciéndoles a trabajar de una forma tóxica. Como si de un virus se tratase, se va contagiando de unas personas a otras.

De hecho, los investigadores calculan que la contratación de este tipo de personas puede costar cerca de 12.500 dólares –unos 11.500 euros– como consecuencia de la necesidad de tener que reemplazar a otros trabajadores que deciden marcharse de la empresa porque no soportan su comportamiento.

Todo esto no quiere decir que las empresas en las que se cuela uno estén abocadas al fracaso: “Hay esperanza. Gestionando de una forma racional y sensata el entorno de los trabajadores, se puede reducir la toxicidad”, aseguraban los expertos.

La mejor manera de lidiar con estos trabajadores tóxicos es más sencilla de lo que parece. Reforzar el departamento de Recursos Humanos para que puedan diseñar programas y entrevistas de trabajo específicas para detectarlos, incluso cuando ya forman parte de la plantilla. Una medida quizás algo costosa al principio pero, a la larga, supondrá un ahorro importante en dinero y disgustos.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Trabajadores tóxicos

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