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REVISTA EL_ESPEJO: Mi vecino hace fiesta en casa

Ángel de Domingo

¿Quién no ha hecho una fiesta en su casa o “sufrido” la del vecino? Y hay tantas formas de tomárselo como personas somos:

Entre esos puntos tan distantes hay mil caminos: desde la tolerancia moderada, los acuerdos entre vecinos, sumarse a la fiesta o denunciar a las autoridades la persistencia fiestera de algunas personas. En todas ellas prima el diálogo, los acuerdos y el ejercer derechos que nos amparan. Y en todos esos puntos hay un común denominador: tenemos que dar un paso si queremos que algo cambie. Y ese paso lo tiene que dar uno mismo, con o sin ayuda. Pero si no te mueves tú nadie lo va a hacer por ti.

Hay otro punto en el que normalmente manifestamos una dejadez absoluta y por eso nos pasa lo que nos pasa: conocer nuestros derechos y obligaciones. No se trata de ser un letrado en todos los asuntos, pero sí de conocer lo que nos preocupe en ese momento, o estar asesorado por alguien experto. Pero en muchos casos, por simple pereza no miramos nada y nos justificamos con frases hechas sin sentido: “la justicia funciona como funciona y no se puede hacer nada “, “Ese asunto está dado y no merece la pena”, “se lo llevan los de siempre”… sin embargo la ley es muy clara cuando las cosas no son ambiguas, puede tardar una eternidad en pronunciarse, pero las cosas les salen a los que persisten, las ayudas o subvenciones se las dan a quien las pelea...

La indolencia sólo lleva a que las cosas funcionen mal. Y personalmente pienso que no demostramos mayor abandono que en los temas laborales.

Para reclamar daños a un seguro, una TV privada, o pelear con el proveedor de telefonía removemos Roma con Santiago si hace falta, pero si en el trabajo nos dicen que no está bien visto cogerse los días de asuntos propios, que nuestras vacaciones dependen del resto o que hay que quedarse todas las tardes hasta las 7 das por sentado que es así. Si todo el mundo pensase eso llegaríamos a estar como en épocas pasadas, nos quedaríamos hasta las 7 o las 10 de la noche si nos lo piden, no cogiendo los días o licencias que nos corresponden por derecho, haciendo de esa costumbre un hábito. Somos nuestro peor enemigo.

Las frases tipo “es que aquí todo el mundo hace las cosas así” son un lastre que tú mismo vas cargando y que hace difícil poder cambiar algo ¿No crees que en Tres Cantos o en algunas oficinas esas costumbres ya no son hábitos por alguna razón? ¿Por qué funcionó en esos sitios y en el tuyo no? Pues efectivamente porque las costumbres fueron siendo otras, porque los derechos se entendieron como algo que nos pertenecía y no como algo que te concede la Empresa a su antojo. Y sobre todo porque alguien empezó a moverse e hizo rutina de la costumbre de ejercer sus derechos.

Tienes las herramientas:

Sólo falta que des un primer paso (reducir tus horas laborales no pagadas poco a poco, preguntarnos cuando tengas dudas, ejerce tus derechos).

Para ejercer los derechos no hay que estar afiliado, estar afiliado supone contar con ventajas fiscales y disponer de servicios exclusivos, entre otras cosas. Decide si tu primer paso es este (desde luego es el menos arriesgado), serás bienvenido: ¡Afíliate!

Si quieres infórmate antes aquí.

Título: REVISTA EL_ESPEJO: Mi vecino hace fiesta en casa

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